Dicen que para entender a un monstruo hay que mirarlo a los ojos. Lo que no dicen es que a veces el monstruo tiene tu misma cara.
Astrid Nørregaard recibe un sobre sin remitente. Dentro, un testamento, una fotografía boca abajo y una carta. La carta menciona a Helena Madsen, una mujer muerta hace casi tres décadas en circunstancias que nunca se investigaron como debían. Era su madre.
Astrid hereda la Hospedería Nordsø, una vieja casa de madera sobre los acantilados de la costa danesa. El último lugar donde Helena fue feliz. El primer lugar donde todo empezó a torcerse.
Cuando Astrid llega, el mayordomo la estaba esperando. La cocinera apenas la mira. Hay un niño que no habla. Y los huéspedes que llegan y los que ya estaban, ocupan, uno a uno, sus habitaciones.
Treinta años después, alguien ha venido a abrir lo que estaba cerrado. Nadie va a salir ileso.